La lectura, en el centro de la conversación

La lectura, en el centro de la conversación

Lo que nos dicen PISA 2025, la ciencia y la antropología sobre por qué leer y, sobre todo, por qué hablar de lo que leemos forma mejores lectores y mejores personas.

En septiembre, la OCDE publicó los resultados de PISA 2025, la mayor evaluación educativa del mundo: más de 760.000 estudiantes de 15 años de 91 países y economías. Los titulares se centraron, como siempre, en la clasificación. Pero el informe dice algo más importante que quién va primero: la lectura retrocede, y lo hace desde hace años.

Entre 2018 y 2025, la puntuación media en lectura en los países de la OCDE cayó 25 puntos, el equivalente a más de un curso escolar de aprendizaje. En España, el alumnado obtuvo 451 puntos, 23 menos que en 2022 y por debajo de la media de la OCDE (461). Casi un tercio de nuestros jóvenes de 15 años no alcanza el nivel básico de competencia lectora, y solo un 2 % llega a los niveles más altos.

Ese «nivel básico» no es nada sofisticado. Es el mínimo para participar plenamente en la sociedad: entender un texto sencillo, una factura, unas instrucciones. Como resume el propio informe:

«No hablamos de cálculo avanzado. Hablamos de competencia básica.»

OCDE · PISA 2025, Prólogo

No es (solo) la pandemia, ni (solo) la desigualdad

Sería cómodo culpar a la COVID-19, pero la OCDE es clara: el descenso en lectura ya era visible mucho antes de la pandemia. Lo que sí ha coincidido con él es la caída de la lectura por placer, el paso a una lectura digital rápida y fragmentada, y el uso de pantallas con fines de ocio durante la jornada escolar.

Hay otro dato que debería hacernos pensar. Quien más ha retrocedido no es el alumnado más desfavorecido, sino el de familias acomodadas. La OCDE habla de «un reto mucho más amplio que la desigualdad». Ningún centro, ningún barrio y ninguna familia puede dar por hecho que esto no va con ellos.

Y un tercer síntoma: el porcentaje de «lectores apresurados», los que leen deprisa y responden rápido pero mal, pasó del 7 % al 11 % entre 2018 y 2025. Retroceden justo las habilidades que más necesitamos hoy:

«Lo más preocupante es el retroceso de las habilidades que más importan en la era de la inteligencia artificial: evaluar la información, relacionar varias fuentes y pensar críticamente sobre lo que leemos.»

OCDE · PISA 2025, Prólogo

Leer es la puerta de entrada a todo lo demás

La lectura no es una asignatura más. Para la OCDE es «el cimiento sobre el que se construye casi todo el aprendizaje», y sus datos lo confirman: los países con mayores caídas en lectura tendieron a registrar también las mayores caídas en matemáticas y ciencias. Para resolver un problema, primero hay que entender el enunciado.

Pero leer va mucho más allá de la escuela. Lo explicaba muy bien Gloria Muñoz Vela en Magisterio hace unos días: saber leer no es solo identificar y pronunciar palabras, sino «identificar las ideas principales, relacionar los conceptos, interpretar los mensajes y ser capaces de desarrollar pensamiento crítico». Y el plan Lectura infinita del Ministerio de Cultura enumera tres razones de peso: la salud (la lectura cuida nuestras capacidades cognitivas y nuestro bienestar), el ocio y el conocimiento, porque es la herramienta principal para convertir la información en conocimiento.

«La lectura es un derecho; no es un lujo ni una obligación. […] Es un derecho que además permite un ejercicio mayor de la democracia y por consiguiente el cumplimiento de otros derechos.»

EMILIA FERREIRO

Leer se aprende leyendo… y hablando

¿Qué podemos hacer? La primera respuesta es la más sencilla: leer más. La investigación lo repite desde hace décadas. La lectura independiente es el mejor predictor del rendimiento lector (Anderson, Wilson y Fielding, 1988), y el gusto por leer pesa más en el éxito educativo que el nivel socioeconómico de la familia (OCDE, 2002). Stephen Krashen lo resumió en The Power of Reading: la lectura libre y voluntaria es la base sobre la que se construyen los niveles más altos de competencia lectora.

La segunda respuesta es menos obvia, pero igual de sólida: hablar de lo que leemos. La investigadora Teresa Colomer lo formuló así:

«[…] hablar sobre libros con las personas del entorno es el factor que más se relaciona con la permanencia de hábitos lectores o que parece ser una de las dimensiones más efectivas en las actividades de fomento de la lectura.»

TERESA COLOMER · Andar entre libros (FCE, 2005)

La ciencia cognitiva explica por qué. Según la llamada Simple View of Reading (Gough y Tunmer, 1986), comprender un texto exige dos cosas: descodificar las palabras y comprender el lenguaje. Hablar y escuchar sobre lo leído entrena ese segundo pilar, el que frena al lector cuando los textos se complican. Un metaanálisis sobre la discusión en el aula (Murphy et al., 2009) halló que varios enfoques de conversación aumentan la participación del alumnado y mejoran de forma sustancial la comprensión de textos; la mayoría de esos estudios se hicieron con niños y niñas de 9 a 12 años. Y la Education Endowment Foundation estima que las intervenciones de lenguaje oral, incluida la conversación sobre libros, suponen de media seis meses adicionales de progreso.

Alrededor del fuego

Hay una razón más profunda, y es muy antigua. Durante cientos de miles de años, al caer la noche, los grupos humanos se reunían alrededor del fuego. La antropóloga Polly Wiessner estudió esas conversaciones entre los ju/'hoansi del Kalahari: de día hablaban sobre todo de trabajo, de recursos y de quejas; de noche, más del 80 % de las conversaciones eran historias. Esas veladas, sostiene Wiessner, ayudaron a desarrollar nuestra capacidad de entender a los demás, cooperar y transmitir la cultura.

Un estudio con los agta de Filipinas (Smith et al., 2017) va más allá: los campamentos con más buenos narradores eran más cooperativos, y quienes contaban bien las historias eran los compañeros más buscados. Contar y escuchar historias no es un adorno: es una de las cosas que nos hicieron humanos.

Hablar de libros es recuperar ese círculo. Como cuando, no hace tanto, los vecinos salían a tomar la fresca a la puerta de casa; y, mucho antes, cuando nos sentábamos alrededor del fuego a contarnos historias.

«Cuando se ha descubierto muy temprano la felicidad de leer, uno tiene la certeza de que nunca será completamente desdichado.»

JOSÉ EMILIO PACHECO · Premio Cervantes 2009

Lo que pasa cuando hablamos de libros

  1. Se forman lectores. Compartir una lectura nos permite, en palabras de Colomer, «beneficiarse de la competencia de los otros para construir el sentido y obtener el placer de entender más y mejor los libros».
  2. Hablamos de nuestra vida. Aidan Chambers, creador del enfoque Dime, lo dijo así: «Al ayudar a las niñas y niños a hablar de sus lecturas, los ayudamos a expresarse acerca de todo lo otro que hay en sus vidas».
  3. Nos escuchamos pensar. «La mayoría de nosotros, como suele decirse, no sabemos lo que pensamos hasta que nos oímos diciéndolo» (Chambers). Para Vygotsky (1978), el pensamiento se forma primero en el diálogo con otros y luego se interioriza; y explicar con las propias palabras lo que hemos leído mejora la comprensión (Chi et al., 1994).
  4. Aprendemos a convivir. En el círculo se espera el turno, se escucha de verdad y se respetan las opiniones distintas. El grupo se convierte en una comunidad de lectores «con referentes y complicidades mutuas».
  5. Crecemos. La ficción funciona como una simulación de la experiencia social (Mar y Oatley, 2008), y un metaanálisis de estudios experimentales concluye que leer ficción mejora, de forma modesta pero significativa, nuestra comprensión de los demás (Dodell-Feder y Tamir, 2018).

«La tarea educativa consiste en despertar en el otro el deseo de existir como adultos en el mundo.»

GERT BIESTA

Atención: el músculo que la lectura entrena

PISA advierte que los dispositivos diseñados para captar nuestra atención pueden ser incompatibles con la atención sostenida que exige aprender, y pide proteger el tiempo de lectura dentro de la jornada escolar. La ley ya lo contempla: la LOMLOE establece que todos los centros «dedicarán un tiempo diario» a la lectura (art. 19.3). El doctor en literatura Miguel Salas Díaz lo explica con claridad:

«La mejor manera de reeducar la atención es la lectura, porque de todas las actividades humanas es la que más nos cierra al resto de los estímulos, la que más concentración nos exige y la que genera más flow. […] Sin atención la inteligencia no vale para nada.»

MIGUEL SALAS DÍAZ

Cinco claves para poner la lectura en el centro

  • Protege un tiempo fijo. En casa o en el aula, la lectura necesita su momento, sin pantallas cerca.
  • Siéntate en círculo. Cambiar la disposición cambia la conversación: todos se ven y todos cuentan.
  • Pregunta, no examines. «¿Qué te ha sorprendido?», «¿Algo de lo que ocurre en ese libro te ha pasado a ti alguna vez?» funcionan mejor que «¿quién era el protagonista?».
  • Todo son preaciertos. Cualquier respuesta a un libro es válida, incluso si no ha gustado. Lo importante es poder decirlo y escuchar a los demás.
  • Deja que el entusiasmo circule. Las recomendaciones entre iguales contagian más que cualquier lista de lecturas obligatorias. Como escribió Daniel Pennac, «el verbo leer no soporta el imperativo».

 

Descubre cómo funciona Booktalking

Con esta idea creamos Booktalking, un juego de 231 cartas para conversar sobre libros, inspirado en el enfoque Dime de Aidan Chambers, pensado para aulas, bibliotecas y hogares. Puedes ver cómo funciona en el vídeo de presentación que tienes arriba o conocer el material en batidoraediciones.es/booktalking. Pero sea con estas cartas o con cualquier otra excusa, lo importante es volver a sentarnos juntos a hablar de lo que leemos.

¿Quieres llevar estas conversaciones a tu aula, biblioteca o club de lectura? Descubre Booktalking en castellano, catalán e inglés.