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Después de leer Enlloc, de Gloria Castañares Martí, he decidido desenterrar mi propio relato, aunque esta vez no se trata de una historia de ficción. Me llamo Maricarmen Almudéver Fort, tengo 45 años y soy psicóloga especializada en el área infantil y perinatal. En 4º de EGB, cuando tenía 9 años, fui expulsada del grupo de niñas con las que había ido al colegio desde la primera infancia. Había una líder, que dejó muy claro al resto que nadie, bajo ningún concepto, debía acercarse a mí. Desconozco la razón, si me dieron alguna la he olvidado, la mente nos protege de ciertos recuerdos. Y así fue, nadie se opuso a la sentencia, todas obedecieron; entonces me convertí en una isla. Mi desamparo debía ser muy evidente, recuerdo las palabras que en algún momento me dijo, con cierta crueldad, una de las niñas «Maricarmen, me das pena porque estás siempre sola». En mi casa lo conté cuando ya me habían echado, mi madre intentó ir a hablar con las otras familias, pero se lo prohibí, es una respuesta típica en los niños acosados, intentar evitar males mayores impidiendo que los padres actúen. El colegio se puso de perfil, no hubo ninguna muestra de apoyo, ninguna medida conciliadora, ningún consuelo. Recuerdo que pedí ayuda a una profesora y ella remató la sentencia «Es que tú también eres…», me dijo.

Ya estaba rota por dentro, pero tuve que buscar una solución que me permitiera seguir viviendo; recogí mis pedazos, me armé de valor y pedí a un grupo de niñas del curso siguiente «que me aceptaran en su pandilla»; recuerdo la vergüenza, el temor a que dijeran que no. Pero accedieron y esta fue la mayor muestra de apoyo (aparte de mi familia) que recibí en aquel tiempo.

Los años siguientes confirmaron mi fractura interior, un rosario de psiquiatras y psicólogos desde mis 15-16 años hasta la actualidad, yo misma pedí a mis padres ayuda profesional, pues cada vez me sentía peor. Bloqueo a la hora de estudiar, medicación psiquiátrica desde los 16 años, tristeza crónica, dificultad en las relaciones sociales, en las relaciones afectivas… Cuando eres juzgada y condenada por un crimen que desconoces, empiezas a pensar que tú misma eres el delito, que eres tan defectuosa como persona que seguramente mereces lo que te ha ocurrido y todas las cosas negativas que vengan en el futuro. A partir de ahí, lo que llamamos «ser uno mismo» se convierte en un deporte de alto riesgo.

Desde aquel episodio no he podido integrarme en ningún grupo, especialmente los de mujeres. Al igual que el personaje de Álvaro, añoro la pertenencia, «ser uno más (…) ¿qué les podría ofrecer yo? (…) ¡pensar que yo podría pertenecer a un grupo de amigos!», tal como expresa él en el libro. Los personajes de ficción actúan como espejo y estas palabras reflejan con gran exactitud lo que he experimentado todos estos años.

Basándonos en las estadísticas de acoso escolar, podemos anticipar que muchos lectores se sentirán identificados con las historias relatadas por Gloria Castañares. Cualquier iniciativa que promueva la visibilidad de la violencia entre iguales es importante, para no olvidar, para ser conscientes de que el problema sigue ahí, para que los adultos nos preguntemos si realmente nos importan nuestros niños, porque frente al acoso escolar estamos fracasando como sociedad, no queremos mirar esa herida.

Durante mucho tiempo permanecí concentrada en la niña que lideró mi destierro, pensaba que las demás habían accedido por miedo. Pero no fue así, en realidad todas me expulsaron, solo que una hacía más ruido. Me costó reconocerlo, era más doloroso haber sido agredida por todo el grupo de amigas que por una sola, el rechazo global multiplica la angustia. Considero que es ahí donde hemos de concentrarnos, en quienes miran y acceden con su silencio, en quienes se niegan a reconocer la gravedad de lo que tienen delante, en quienes aceptan la invitación al acoso, participando de diferentes formas, ya sean niños, adolescentes o adultos. Si los adultos no intervenimos, no solo dejamos indefensa a la víctima, también estamos legitimando la violencia en edades muy tempranas.

M. Carmen Almudéver Fort



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